Supertrópica

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Crónicas desde Berlin

Por cuarta vez los chicos de Supertrópica han cogido los bártulos y se han plantado en Alemania. Cuatro años han pasado desde su primer concierto por tierras germanas en el legendario Café Koti, en Kreuzberg, punto de reunión de la comunidad turca en Berlín. Aquellas dos noches de concierto y personajes variopintos dieron para haber escrito más de un libro. Pero esa es la cuestión ahora, lo importante es que en estos cuatro años Supertrópica ha escrito y grabado un nuevo disco al que han llamado Verbenien Berlin, y que ha llegado a su punto culminante con la presentación en directo en la que es ya su tercera casa, Berlín.

El viaje comenzó el jueves con un Secret Show en una enorme casa (como todas al este del muro) en las profundidades de Neukölln. En este íntimo lugar, Supertrópica se disfrazó de bizarro para probar su nuevo sinte traído de Japón y su nuevo casiotone, comprado en ebay por 10 euros. Deconstrucción sonora tropicalista y comida italiana, una exquisita combinación.

El viernes continuó la tourné con una visita a Noisy Rooms, en pleno Friedrichshain. Un edificio completo dedicado a la música. Un ensayito en sus sótanos y listos para hacer bailar a estos rubiales. Y para acabar el día, fiesta hedonista en medio del parque rodeados por la niebla, el lugar idóneo para disfrutar de un buen sound system y tecno berlinés.

Sábado, todos en pie y más puntuales que los propios alemanes en la puerta del Sandmann, mítico local de jam sessions cerca de Hermannplatz. Allí, un técnico de sonido bien entrado en años y una camarera capaz de llevar 8 jarras de cerveza en cada mano les ayudaron a prepararlo todo. Y llegó la hora, bueno la que ponía en el cartel no, un poco más tarde, pues esta vez si se les subió la canariedad a nuestros amigos tropicales. A tope estaba aquel bar de no más de 100 metros cuadrados, 60% alemanes, 10% italianos y 30% españoles, así a ojo de pájaro.

Y comenzó la verbena, sonando Odisea Carnavalera y la gente bailando desde el minuto cero. Momento álgido de Arepas con Guasacaca (versión del oidérrimo Get Lucky), pero sobre todo, de Pepe Vente a Alemania. Explicado en un inglés chapurreado, los presentes comprendieron al momento de qué iba aquello, y la que se lió fue fina. Agüita como movían el esqueleto, ni en Canarias, ni en Madrid, ni en Hawaii habían visto nuestros músicos algo así. Un joven de aspecto germánico se deslizaba como poseído de un lado al otro del escenario cual Michael Jackson mientras la camarera del October Fest lo daba todo detrás de la barra. Inolvidable, hasta tres veces hicieron salir de nuevo a los músicos.

Y así acabó el ciclo de la verbena berlinesa. Ahora toca acabar la gira, aún queda por delante Barcelona, Tenerife y Las Palmas. Y después, a empezar el siguiente disco, que aún no sabemos a que o a quien se lo dedicarán. ¿Berlín otra vez?