Supertrópica

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Crónicas desde Canarias

La gira presentación de Verbenien Berlin ha llegado a su fin. Han sido 5 ciudades: Berlin, Madrid, Barcelona, Santa Cruz y Las Palmas, con sus vuelos, trenes y guaguas correspondientes. Y este fin de semana han puesto la guinda en su tierra natal, las Islas Canarias.

La cosa fue así, el viernes 1 en Tenerife, en el Hombre Bala, epicentro de la emergente movida indie chicharrera. Allí se congregó una mezcla de músicos locales, público asiduo y otros menos habituales, un poco perdidos y sin saber que el concierto era en la cuevita bajando las escaleras. La cosa empezó con la gente pegada a la pared, parecían hacer un corro para que alguien empezara a bailar breakdance. Al contrario de lo que pueda parecer el público tinerfeño es mucho más complicado que el berlinés, porque a priori no están dispuestos a bailar. Pero tras unos cuantos temitas nadie pudo resistirse a mover las caderas. Aquella cueva se fue llenando y cogiendo calorcito. Hipsters, barbudos y encamisados hacían una conga, mientras otros portaban pelucas y plátanos que repartían entre el público, la verbena estaba servida.

El 2 de agosto tocaba la isla de enfrente, Gran Canaria. Hacía 6 años que no tocaba Supertrópica allí y la expectación no era poca. A la hora exacta de comienzo estaba ya el Mojo Club que no cabía un alfiler, nadie quería perderse la neoverbena. Varios espectadores iban ataviados con guayaberas y gritaban sin parar el nombre del grupo. Como el propio cantante relató: “algunos se sabían las letras mejor que yo”. La cosa se empezó a poner bien calentita con Santa Cruz Boogaloo. De todos es sabido la rivalidad insular entre Las Palmas y Santa Cruz, pero esta vez todos eran hermanos. Una noche increíble para público y músicos. Seguro que Supertrópica no tardará tanto la próxima vez en volver a Las Palmas.

Para culminar la odisea, de vuelta en el aeropuerto casi acaban todos detenidos. Todo empezó cuando un guardia civil no quería dejarles pasar la llave para afinar la conga, aduciendo que se trataba de una herramienta y que cosas de ferretería no se podían llevar, a lo que el percusionista contestó “la música no se hace en las ferreterías”. Esto encendió al señor de la benemérita que inmediatamente le pidió la documentación y le multó por faltarle al respeto. Entonces el cantante indignado espetó “vivimos en una república bananera”. Pa’ que fue eso, el señor del tricornio explotó y acabó pidiendo la documentación hasta a las maracas.

A pesar de todo la gira ha sido un éxito absoluto y la verbena debe continuar… Lo mejor sin duda el calor de la gente, y haber conseguido juntar en un mismo lugar a hipsters, rastas y pachangueros. Ese es el mayor anhelo de Supertrópica, conseguir llegar a todos con su verbena sin importar origen, ropa o peinado.