Supertrópica

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Hombre del año en San Borondón

Entrevista con Ruymán Azzollini (Supertrópica)

Mónica D’alTarro para El Correo de San Borondón

Me ha citado en su refugio de verano en la costa del Sur de Tenerife, en un pueblito llamado “Tajao”. Apenas son una veintena de casas de minimalistas formas cúbicas junto a una playa de callados y un pequeño puerto pesquero. Cuando llego a su casa, a escasos 20 metros del agua, me encuentro las puertas abiertas de par en par y que la gente entra y sale como si fuera la despensa, la cocina, y el baño del pueblo. Me pregunto si son todos amigos suyos o se ha dejado la puerta abierta. Un niño sale con media sandía y advierte a gritos a su madre de que no quedan cervezas. No veo a mi entrevistado por ningún lado. Pregunto al niño de la sandía por el dueño de la casa y me responde encogiéndose de hombros y señalando con el dedo a un hombre que parece dormir sobre un cocodrilo de plástico en el agua. “Creo que es ese señor de ahí. Pero si quiere entrar en la casa, ¡entre!”. Me cuesta reconocerlo en bañador, pero sí, el hombre del cocodrilo es él.

A gritos, consigo hacer que despierte, se desata una línea de pesca del dedo gordo del pié, y rema sobre su cocodrilo hasta la orilla. Salir de una playa de callados es una prueba para los pies y la dignidad de cualquiera. Nuestro hombre no es una excepción, y su salida me hace recordar a Chiquito de la Calzada con un ataque de lumbago. Eso me recuerda que el artista malagueño fue el padrino de boda en su primer matrimonio, con la actriz venezolana Sigurni Vargas. Seguro que la protagonista de “Amor rebenque” no se enamoró de él viéndolo salir de una playa de piedras.

jarrlll!
Con piedras o sin ellas, nuestro artista tiene una manera peculiar de salir del agua.
Foto de archivo (agencia EFE).

El “Sonajero de Los Cristianos”, como se le conoce en el circuito de fiestas patronales de la isla, me dió su dirección escrita en el papel de una magdalena (firmada con un ‘Ceci n’est pas une cupcake, miniña’) el pasado junio en Los Ángeles. Fue en la gala de entrega de los Grammy Latinos, donde se hizo con el galardón al Mejor Disco de Percusión Solista, por “No sin mis maracas”. Me dijo que me pasara en el mes de agosto, cuando quisiera, y que me trajera pijama y cepillo de dientes por si me apetecía quedarme unos días, que habría “hamacas para todos”. No supe como interpretarlo, pero aún así he venido preparada y me he traído una almohada cervical y una rebeca, que seguro que por las noches refresca.

Ruymán pide permiso a la multitud que ocupa el porche de su casa para entrar y les dice de paso que “beban y coman fruta, que el sol está pegando fuerte”. Algunos levantan sus vasos a su salud. Las gafas de sol y los movimientos a cámara lenta me hacen sospechar que para algunos la noche aún no ha terminado, y ya es mediodía. “Esta noche vamos a hacer una hoguerita chachi en la playa”, añade Ruymán, a lo que la chiquillada responde con saltos y gritos de alegría. Una chica con acento centroeuropeo le pregunta con una sonrisa si va a hacer falta llamar a los bomberos. Ruymán le responde que “siempre se les puede invitar, pero déjales apagar la hoguera primero”. Se siente cierto grado de camaradería que me hace pensar que al menos algunos de los presentes, entre los cuales no reconozco a nadie famoso, sí son amigos de nuestro protagonista.

En la cocina, un pequeño pero decidido ejército de cocineras habla animadamente mientras prepara una paella del tamaño de una rueda de camión. Una de ellas es la madre del artista, a quien besa y pregunta si pescó algo. Él se encoge de hombros y ella sentencia: “el cocodrilo asusta a los peces, se lo digo siempre”.

Según pasamos por las habitaciones de la casa, todas con las puertas abiertas, me resulta imposible predecir qué viene a continuación. En una habitación cuelgan hamacas del techo y en el suelo hay dos personas jugando al parchís. En otra están ensayando una coreografía que recuerda a la de las “Mamachicho” pero la música que suena en el radiocassette es el “Carmina Burana” de Orff. No resulta tan disonante como se lee sobre el papel. En algunas paredes se pueden leer poesías y letras de canciones: Leonard Cohen, Georgie Dan, Sabina, Los Fabiruchis, etc. Las palabras son casi el único elemento decorativo de la casa, y las habitaciones están prácticamente sin amueblar. No hay armarios ni camas, sólo alguna mesa, y también un semáforo. Me llama la atención uno de los poemas:

“Tú lo que querías

era que te comiese el tigre.

Bajo el agua,

en la arena color arena,

que te comiese el tigre.

Y el tigre fue tigre,

tortuga salerosa.

¿qué más querías?

¡Pues te jodiste!

Y lo mismo el tigre.”

ECdSB: “¿De quién es?”

R: “De un pescador local. Quiero publicar su primer poemario para Navidades. En la FNAC se lo van a rifar. Si consigue algo de dinero se podrá dedicar a lo que realmente le gusta, que es beber. Admiro su determinación y por eso le estoy ayudando. Puedes reproducir el poema, pero no pongas su nombre, queremos mantener su anonimato hasta que sea el momento oportuno.”

Pasamos a la habitación donde se va a desarrollar la entrevista. Tres chicas se mueven en silencio por la habitación, imitando el movimiento ondulante de unos chocos. Entiendo que están ensayando para alguna representación. Amablemente les pide que nos dejen a solas un rato, y que tengan cuidado con su madre que “las quiere cocinar con mojo de cilantro”. Me cede una silla plegable de pescar y él se sienta en el alféizar de la ventana, por la que se puede ver el mar, de un azul muy intenso y oscuro. De una nevera de camping en una esquina saca unas cervezas y unos berberechos, que empieza a comerse directamente de la lata con los dedos.

ECdSB: “Hace apenas una semana [‘Supertrópica’] terminasteis la grabación de vuestro segundo album, “Verbenien Berlin”. ¿Ha sido niña o niño?

R: [sonríe] Está sano, que es lo importante. Y ha pesado unos “45 minutos” de pura pachanga que creo que van a gustar bastante -ríe y bebe un poco del agüilla de los berberechos. Hace una pausa- ¡Joder qué salado!, nunca lo había probado…

ECdSB: Hace unos días pude hablar con Sergio [Oramas, líder de la banda] y también se mostraba satisfecho. Me dijo que el disco tiene un sonido que marca grandes diferencias respecto al anterior, con mayor protagonismo de teclados y sintes, con bases electrónicas, y menos metales. ¿Crees que al público le va a gustar?

R: Hombre, no lo sé, pero ¡esperemos que sí! Aunque lo importante es que nos gusta a nosotros. Hace cosa de año y medio estábamos echándonos unas costillas con piñas en Casa Tomás y discutíamos sobre el concepto del disco. Bueno, en ese entonces pensábamos en un EP, pero se ve que había ganas, y al final nos dio ‘la patata’ para parir un álbum completo. Hablábamos un poco de todo, de la temática de las canciones, que algunas ya teníamos compuestas, del concepto general, y también del sonido. Ahí hubo bastante controversia. Algunos querían un sonido más de orquesta sinfónica, con cuerdas y hasta triángulos, y otros se decantaban por seguir explorando el camino abierto con el disco anterior y si acaso poner un edredón sobre la batería de Airán [ahora a cargo de los timbales]. Sergio defendía virar hacia un sonido un poco más electrónico y ochentero. Al principio, salvo por Javi [teclados], encontró bastante reticencia, no nos gustó la idea de entrada, si te soy sincero. Pero cuando nos tiró el plato de escaldón a la cara y sacó el rascador del güiro con gesto amenazante, la verdad es que nos convenció. Hay que reconocer que el tipo es un genio.”

ECdSB: ¿Qué repercusión, si me permites el doble sentido, ha tenido el giro estilístico sobre tu contribución como “percusionista aéreo”?

R: “Pues mucha, y para bien. Las maracas han cobrado un protagonismo esencial. En ‘La Isla Pensada’ eran poco más que un acompañamiento que se oía de fondo, unos decibelios muy chulos, pero chiquitos -aunque intenta mantener su conversación a un nivel que pueda entender una lego en la materia como yo, se nota su formación musical en la prestigiosa ‘Chana’s Tenderete School’ de Buzanada y aquí y allá cuela algún tecnicismo musical-. Ahora se puede decir que es uno de los ejes principales en torno al cual gira el disco. Como una bisagra que abre puertas a nuevas dimensiones -me ofrece el agua de los berberechos, con gesto de desagrado – prueba, prueba, imagina que tienes que cruzar el desierto con esto en la cantimplora… ¡chuos! Perdona, venía diciendo -hace una pausa larga, mientras las ideas vuelven a su cabeza- sí, definitivamente, he explorado nuevos territorios con las maracas en este disco. Muy en la línea de Tito Puente y de los “Billos Caracas Boys”, si me puedo comparar con ellos, pero también con influencias de Mike Oldfield, Philip Glass y de un tipo que toca las congas en la parada de metro de Tribunal en Madrid y que para mi es un referente en cuanto a creatividad. Hay un par de temas en los que las maracas son casi lo único que se va a oír, de principio a fin, con el resto de instrumentos y las voces de fondo, muy de fondo, como en el fondo del mar…

ECdSB: “¿Supuso algún reto técnico dar tanta expresividad a un instrumento que es considerado como ´menor’?”

P: “Pues sí, la verdad es que ha sido un ‘tour de force’. Pero no porque las maracas tengan poca expresividad. Nada más lejos. El problema es que a veces los micrófonos no eran capaces de captar toda la riqueza tonal del instrumento. Yo les saco 12 octavas, 13 si he dormido bien la noche anterior. Como era tan complicado, al final Luis [del Toro, productor], optó por decirme ‘Ruymán, mira, te vas a quedar grabando tú solo de 8 de la tarde a 8 de la mañana. Yo le doy al rec, y lo que te salga de las maracas. Sácales jugo, y apaga la luz al salir que nosotros no llegamos hasta las diez’. Y eso hice, sacar de mis adentros los arpegios más conmovedores de los que he sido capaz. Eso con la maraca izquierda, mientras que con la derecha he dado rienda suelta a esa pulsión animal y fiestera que también es muy mía. Yatusabeh, rollito Ying y Yang, Zipi y Zape, Simon & Garfunkel, Héctor y Tito. You get it?”

ECdSB: “I get it. No more berberechos, please. Y después de este ‘parto’ artístico, ¿te planteas lanzar otro disco en solitario?”

R: “La verdad es que ahora mismo sólo tengo ganas de descansar. Me he dejado la piel en el estudio -me enseña los callos en su mano, pero dudo que sean sólo de las maracas-, y además, en lo que va de verano he dado 35 conciertos en fiestas de pueblos y barrios, desde Las Galletas hasta Tierra del Trigo, pasando por la Urbanización de San Miguel. Ahora mismo tengo alquilada esta casa hasta finales de agosto, le he dicho a todo el mundo que se venga, que comida y hamaca tienen. Y eso pienso seguir haciendo, disfrutar del verano, del pescadito fresco, del sol, los amigos, y el ron. Y en Septiembre ya se verá. Tengo pendiente una colaboración con Bono, y también otra con Julio Iglesias, Proyectos muy interesantes, con orquesta full-equip y el cattering a cargo de Arepera Los Chamos. Puede que incluso me atreva a tocar la vuvuzela para una ópera de Nacho Cano. En solitario no sé, tengo que sentarme a componer, pero quizá salga algo para después de navidades. Últimamente escucho mucho las variaciones de Goldberg, y me gustaría llevar las maracas a ese terreno y dejarlo sembrado de ‘bachata y fresa’, como quien dice”.

Su madre entra en la habitación para anunciar que la paella está lista, y siendo las 3 y media de de la tarde, ninguno de los dos pone objeción a bajar a la mesa. Pero me queda una última pregunta que no se puede quedar en el tintero.

ECdSB: ¿Qué ha supuesto para ti haber sido nombrado hijo adoptivo por el Cabildo de San Borondón?

R.A.: Pues un orgullo inmenso, la verdad. Es una tierra a la que quiero como si hubiera nacido allí, y lo digo de corazón -pone la mano en el pecho de paso que se la limpia en la camiseta-. Voy todos los años desde que era chico, que me llevaban mis padres por las fiestas del Patrón [su padre, ya retirado, capitaneaba el ferry de la línea Los Cristianos - Santa Cruz de San Borondón]. Y sigo yendo, a veces tocando, y otras simplemente para disfrutarlas. Quizá me decida a mudarme a allí una temporada. Los Sanborondongos son una gente a la que es fácil coger cariño, y las lapas a la Sanborodona están que te mueres.

La paella ha quedado exquisita, y pese a su tamaño, en poco tiempo se acaba. Al final decido no quedarme porque no me salen las cuentas con el número de hamacas, y dejo a Ruymán en la azotea de la casa, mirando al horizonte mientras sacude distraído una cajita con chinchetas. “Cacha-ca-chá, Cacha-ca-chá”. Se me ponen los pelos como escarpias. Reconozco de inmediato los primeros acordes de la 5a de Beethoven. Y me viene un buchito a la boca. Son los berberechos, que a veces me repiten.

Mónica D’alTarro

El Correo de San Borondón